Corría el mes de octubre del año 1977, cuando dos cabos primeros de Infantería de Marina, se incorporaban a una de las compañías de la Brigada Paracaidista, que en la Escuela de Paracaidismo del Ejercito del Aire, “Menendez Parada”, se disponían a realizar el 266 Curso Básico de Paracaidismo.

Uno de esos cabos primeros era mi buen amigo y compañero, Juan Antonio Gutierrez González, mientras el otro era yo mismo, finalizando ambos el mencionado curso el 21 de octubre de aquel año, tras haber convivido casi un mes con los Caballeros Legionarios Paracaidistas, pertenecientes a la unidad en la que fuimos asignados.
Sin lugar a dudas los saltos y vivencias de aquellos días, fueron archivados cariñosa y emotivamente en mi memoria, principalmente por la especial situación de dos infantes de marina, a los que los compañeros de los ejércitos de Tierra y Aire nos identificaban como marinos y que curiosamente estaban enrolados en una compañía de legionarios, destinados todos en una base aérea.
Todo este preámbulo, tiene como fin, intentar ponerles en situación para que entiendan y puedan llegar a imaginar la alegría que en esta soleada mañana otoñal recibí, cuando por sorpresa, Francisco González Mercado, uno de aquellos Caballeros Legionarios Paracaidistas, me llamaba al móvil informándome que estaba de visita en San Fernando y que le gustaría saludarme.
Ni que decir tiene que a pesar de estar en ese momento realizando mi diario paseo, acudí con prontitud y emoción al encuentro con el antiguo compañero de patrulla paracaidista, que desde su cercana Cordoba, por unas horas se encontraba en La Isla.
Tras tomarnos un café mientras recordábamos anécdotas y resumíamos que fue de nuestras vidas tras aquellos días vividos en la murciana localidad de Alcantarilla, donde se ubicaba la academia paracaidista, nos despedimos con la feliz sensación de que “Hoy el salto fue en el tiempo”.
