De las válvulas al satélite: 5 lecciones olvidadas de la UNICOMTEAR, unidad que modernizó la Infantería de Marina

Unidad de Comunicaciones del Tercio de Armada (UNICOMTEAR)

Unidad de Comunicaciones del Tercio de Armada (UNICOMTEAR)

En el caos de un desembarco anfibio, la diferencia entre la victoria y el desastre no reside en el calibre de los cañones, sino en la capacidad de coordinarlos bajo el fuego. Imagine la escena: el estruendo de los motores, el salitre corroyendo los circuitos y la necesidad absoluta de que una orden viaje desde el puente de mando de un buque hasta el último cabo en la arena.

La Infantería de Marina española, la más antigua del mundo (fundada en 1537), se enfrentó en 1969 a una encrucijada existencial. Para no quedar relegada a la custodia de arsenales, debió reinventarse con la creación del Grupo Especial. En este ecosistema de cambio nació la UNICOMTEAR (Unidad de Comunicaciones del Tercio de Armada). No fue una simple oficina de radios; fue el “sistema nervioso central” que permitió al TEAR dejar de ser una suma de batallones aislados para convertirse en una fuerza de proyección moderna y letal.

1. El fin del “Saco de Apoyos”: El nacimiento de la especialización

Hasta principios de los años 70, la gestión de recursos en la Infantería de Marina pecaba de un generalismo ineficaz. Todo lo que no fuera fusilería caía en el denominado “saco” de apoyos, un grupo amorfo donde se mezclaban capacidades sin una dirección técnica clara.

La UNICOMTEAR rompió este esquema, impulsada por una doctrina fuertemente influenciada por el United States Marine Corps (USMC). Esta influencia estadounidense no solo trajo nuevos equipos, sino una mentalidad de estandarización y flujo de información estratégico. La independencia de la unidad fue el paso crítico para que los “transmisionistas” dejaran de ser personal de apoyo para transformarse en una élite técnica.

“La independencia de la unidad de comunicaciones se volvió imperativa para garantizar que el flujo de información no se viera comprometido durante las operaciones críticas de desembarco, superando la estructura del ‘saco’ de apoyos.”

2. Alta tecnología en muros del siglo XVIII: El contraste de San Carlos

La sede de esta revolución fue el Cuartel de Batallones de San Carlos, en San Fernando (Cádiz). Construido a finales de 1700 con la emblemática “piedra ostionera”, el cuartel ofrecía un contraste visual poético: antenas de alta tecnología desplegadas sobre muros que habían visto pasar a los Tercios de la Armada.

Trabajar allí, especialmente en el Patio Lope de Figueroa, implicaba una dualidad fascinante. Mientras los infantes se formaban en una arquitectura ilustrada, los centros de comunicaciones fijos mantenían una escucha permanente de las redes de la Armada. Su ubicación era estratégica, permitiendo un despliegue rápido hacia la Base Naval de Rota o las críticas zonas de adiestramiento de la Bahía. Era el lugar donde la tradición de los siglos XVIII y XIX se encontraba con el desafío de la Guerra Fría.

3. El “arma secreta” del reemplazo: Talento civil en uniforme

Uno de los pilares de la UNICOMTEAR fue la simbiosis entre los cuadros de mando profesionales y los soldados de reemplazo. En una época de transición tecnológica acelerada —del tubo de vacío y las válvulas al estado sólido—, el recluta civil se convirtió en un activo estratégico.

  • Polinización de conocimientos: Muchos soldados traían de la vida civil conocimientos de informática y electrónica avanzada que superaban los manuales militares.
  • El choque de eras: Se produjo una narrativa única donde jóvenes con mente digital lidiaban con las pesadas y salitrosas radios AN/PRC-77 a la espalda, adaptando su agilidad civil al rigor del combate.
  • Aceleración técnica: Esta mezcla permitió que la unidad adoptara sistemas complejos mucho antes que otras unidades más tradicionales.

4. El desierto como juez: La prueba de fuego en el Sáhara

La doctrina de comunicaciones no se escribe en los despachos de Madrid, sino en los escenarios más hostiles. La gran prueba operativa para la UNICOMTEAR fue el Sáhara Español. Allí, el calor extremo, el polvo fino que penetraba en cada junta y las distancias inabarcables pusieron al límite los equipos analógicos.

En la inmensidad del desierto, el enlace HF (Alta Frecuencia) era la única salvación. Equipos como el AN/PRC-104, montados en los robustos Land Rover Santana o los Nissan Patrol, permitían establecer un contacto vital con San Fernando a cientos de millas mediante la propagación ionosférica. Aquella “danza ionosférica” de señales HF demostró que, en condiciones extremas, la técnica debe ser impecable; un error de sintonía significaba el aislamiento total bajo un sol implacable.

5. El S-6: El estratega invisible de la Playa de Desembarco

El éxito de un desembarco depende de una arquitectura invisible diseñada por el S-6 (responsable de comunicaciones). Su labor técnica es crítica en el momento de mayor vulnerabilidad: la transición de las redes del buque a la tierra.

Durante ejercicios emblemáticos como las maniobras “Dédalo” en las playas de El Retín o en los campos de Almería, el S-6 debía prever cada detalle:

  • Sistemas Mercurio: El despliegue de estaciones en shelters sobre camiones, que integraban múltiples redes de mando y cifrado.
  • Geografía hostil: Calcular la ubicación de repetidores para evitar “zonas de silencio” radioeléctrico que dejaran a una compañía de fusileros a ciegas.
  • Coordinación de fuegos: Asegurar que la artillería autopropulsada y la aviación naval respondieran en segundos.

Si el S-6 acierta, su trabajo es invisible. Si falla, el mando pierde el control y la fuerza se fragmenta bajo fuego enemigo.

“La UNICOMTEAR era el sistema que permitía que el mando y control fuera efectivo en una época donde la tecnología analógica dictaba el ritmo de la batalla.”

Conclusión: Un legado de vanguardia

La UNICOMTEAR fue la semilla que germinó en la actual Compañía de Comunicaciones del Batallón de Cuartel General de la Brigada de Infantería de Marina (BRIMAR). El salto tecnológico ha sido vertiginoso: de la radio a válvulas y la robusta PRC-77 a los sistemas satelitales Soria y Antequera y la gestión digital del SIMACET.

El paso por los Balcanes (Bosnia y Herzegovina) en los años 90 marcó el fin de la era analógica pura y el inicio de la modernidad absoluta, validando décadas de doctrina forjada en San Fernando. Sin embargo, a pesar de los satélites y la fibra óptica, el espíritu del transmisionista sigue siendo el mismo.

¿Es la tecnología la que gana las guerras, o es la capacidad humana de adaptarse y mantener el enlace a pesar de la adversidad? El legado de la UNICOMTEAR nos enseña que, sin el ingenio del hombre frente al equipo, la tecnología más avanzada no es más que metal silencioso frente al mar.