Mi selfie con Rambo en “El Paseíllo”

Hoy aprovechando la fresca y nublada mañana (a ratos), he salido a pasear con mi querido Rambo por la conocida como Población Naval de San Carlos y mas concretamente por los jardines también conocidos como “El Paseíllo”, sobrenombre con el que se conoce la zona comprendida entre la Escuela de Suboficiales de la Armada y la estación de ferrocarril de San Fernando – Centro, conformadas por las dos avenidas, Capitán Conforto y Joly Velasco que a su vez están separadas por la rotonda dedicada a los Héroes de la Armada Española.

Mi selfie con Rambo
Mi selfie con Rambo

Para muchos cañaillas este recorrido seguro que les trae recuerdos de un pasado no tan lejano, cuando tenían que recorrerlo para dirigirse a sus destinos militares o incluso sus trabajos en “La Constructora” o en “La Bazán”, pero los que popularizaron el nombre del “El Paseillo”, fueron los no se si millones o cientos de miles de marinos e infantes de marina, que lo recorrieron e incluso en algunos casos fue la única zona que conocieron de San Fernando (Cádiz).

Para los marinos que llegaron a La Isla para ser formados en el Cuartel de Instrucción de Marinería, era un “Paseíllo” obligado tras llegar a nuestra ciudad en el tren desde las diferentes poblaciones y ciudades de España, mientras que los Infantes de Marina, también lo recorrían de forma obligada, cuando bajaban del tren procedentes del Cuartel de Instrucción de Infantería de Marina de Cartagena (Murcia), para incorporarse al Tercio del Sur o Tercio de Armada.

Para todos ellos, el simple hecho de salir del cuartel, bien para ir hasta el Paseo General Lobo, mas conocido como “La Glorieta”, donde se encontraban varios establecimientos donde podían comer o comprar comida, era una especie de liberación que les permitía recorrer aquel paseíllo con la sensación de estar fuera de su destino, motivo por el cual era habitual escucharles la frase de … “voy a salir aunque sea a dar el paseíllo”, lo que seguramente contribuyó a dar el sobrenombre de la zona en cuestión.

De los establecimientos donde se comía y se avituallaban los pelones, que eran como se les señalaban despectivamente en demasiadas ocasiones a los mozos que abandonaban sus hogares de forma forzada para hacer la mili, quizás hable algún día, pues esa es otra historia que algún día recordaré, pues no en vano, yo a pesar de ser Cañailla, fui uno de esos “pelones” que un día hace cuarentayseis (46) años hizo “El Paseíllo”, con mis compañeros voluntarios especialistas de Infantería de Marina, algunos de los cuales aún hoy nos creemos unos Rambitos, y ponemos a nuestras mascotas el nombre de nuestro ídolo “RAMBO”.

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